
Lo único que necesito es valor, ganas me sobran. Siempre me paro a pensar en los que me quieren. No es justo que ellos sufran por mi capricho. Pero al mismo tiempo es difícil pensar que uno vive por los demás y no por que sea feliz.

En momentos como este afloran los recuerdos, duele, sigue doliendo como el primer día. Ya no es por lo que pasó o por que la eche de menos, duele por que es un problema sin solución, un asunto que no ha quedado zanjado, una historia sin final, una incógnita por resolver. Todavía me pregunto el por qué, y supongo que seguiré preguntándomelo eternamente, con esa espinita clavada que nunca me va a dejar descansar tranquila. Si no hubiese significado nada en mi vida me daría exactamente igual, pero aunque me cueste reconocerlo ella fue muy importante para mí. Aunque, a veces me pregunto si lo que me duele es no saber que pasó o el no haber hecho bien las cosas y decirle todo lo que significaba, lo que la quería. Tal vez lo que no deja de morderme la conciencia es el haberme rendido tan facilmente por una persona que era tan grande para mí, pero mi orgullo y el suyo eran, ambos, demasiado fuertes para alzar la vista atrás sin acusar a nadie. En mi defensa, solo me queda el consuelo de que al menos, lo intenté más que ella, pero probablemente no lo suficiente. Siempre quedará la duda de cual de las dos lo hizo peor, o si alguna tenía algo de razón. Lo único que puedo asegurar es que si algún día tengo la oportunidad y el coraje para enfrentarla sin que el orgullo me venza de nuevo, le daré un último abrazo y sin pedir explicaciones de lo sucedido le diré, si su gran orgullo y cabezonería me lo permite, que no le guardo rencor y que, aunque no quiero bajo ningún concepto que entre en mi vida nuevamente, sé que la seguiré queriendo en el fondo, hasta el día que me muera.